jueves, noviembre 23, 2006

Ecos o El Día de la Música

Para algo debo servir
Si me lo dicen y me lo dicen
Para algo debo servir
Ya sé que no es para romper, si
Ya sé que no es para cortar
Ni para dar un gran salto mortal

Creencias, recuerdos, olvidos, memorias
Sangre, leche, vino, madera y amor
Sé que son las palabras que tiene que tener la canción
Asi como sé que el corazón
Aprende por prueba y error

¡Qué filo tiene la cabeza!
¡Qué doble filo!
Exceso de razonamiento deductivo
¿Cómo puede ser que todavía me corte?
Si ya sé que ser soberbio o ignorante es lo mismo
¿Cómo puede ser que todavía no me corte?

¡Qué frágil sos, ay corazón!
¡Qué frágil sos!
Que oscuro equilibrio
entre sadismo y perfección.
Lo único realmente grave es la muerte
Quiero primero el clavel en la solapa
y después sentir el perfume del jazmín

martes, noviembre 07, 2006

Sin título 1

Imaginate una lámina gigantesca, como un plano, donde todas las vidas humanas, desde la primera hasta hoy en día, se representen como una línea de tiempo. Una cinta negra y finita, cuya longitud sea proporcional al tiempo vivido. Todas las vidas sobre un gran panel blanco. Y cada vez que dos o más vidas se cruzan (me refiero al tiempo que se ven), las cintas también lo hacen, en una longitud proporcional al tiempo del encuentro. Cerrá los ojos e imaginate las formas distorsionadas de las cintas, la infinita cantidad de cintas. Cintas largas, cintas cortas. Imaginate la infinita cantidad de cruces. Creo que es posible arrancando desde alguna cinta al comienzo llegar hasta alguna vida de hoy, eligiendo bien los cruces

Lugar común

¿Qué son los lugares comunes? ¿A quienes son comunes? ¿O son comunes porque nada tienen de extraordinarios? ¿Cayó usted alguna vez en un lugar común? ¿Cayó usted alguna vez fuera de un lugar común? ¿Conoce usted algún lugar común? Una ex novia nunca lo llama, quizas porque nunca lo quiso. Una inmensa y decadente estructura para provocar cosas que nunca se realizan. Haga un pozo, luego tápelo. Trabaje doce horas en eternos absurdos y su paga estará al comienzo de cada mes. Aliméntese cuatro veces al día. Cepíllese los dientes hasta que no haya ningún vestigio de que comió. Limpie con dedicación todas las partes de su cuerpo, hasta que ya no huela a su cuerpo, sino a alguna flor. Haga actividad física hasta que su cuerpo ya no luzca como su cuerpo sino como algún dibujo animado. Elija su ropa con esmero, para que nadie note su presencia. No se comprometa con la gente. No revele su intimidad. No pretenda averiguar la de otro ser humano. Coja muchas veces. Ame muy pocas. Sea previsible. Nunca exceda el estrecho rango que existe entre decirle una vez cada tanto te quiero a su madre, sintiéndolo de verdad; y putear a regañadientes, y sin ser escuchado, al que delate sus rincones oscuros. Nunca jamás hable de su infancia ni de sus sueños. Siempre sonría. Resígnese a perder, el mundo está hecho para los que saben ganar. Los que saben ganar saben también que hacer con el mundo que usted no entiende. Disponga largas horas en labores repetitivas y que no demanden atención. Ocúpese. Eso evita malos pensamientos. Duerma las horas suficientes para no soñar. No se esfuerce por recordar los sueños, carecen de lógica. Y por sobre todo, nunca piense en el amor. La vida se resume a una serie de comportamientos repetitivos que nos generan seguridad a nosotros y al resto de los seres humanos. El amor, como los sueños, tambien carece de lógica. Tampoco pretenda entender a los otros seres humanos. Usted nunca podrá sentir como otra persona. Luego, cuando usted menos lo espere, lo alcanzará la muerte. La muerte nada sabe de grandes proyectos ni de los sueños ni del amor. La muerte simplemente llega. No queremos que la muerte lo encuentre sin estar debidamente aseado, alimentado y descansado. ¿Conoce usted algún lugar común? Nosotros sí. Se llama muerte.